sábado, 1 de febrero de 2014

Ornette Coleman, la renovación del Jazz

Músico estadounidense nacido el 19 de marzo de 1930 en Forth Worth, Texas. Saxo, trompeta, violín y flauta, Coleman representa, tras la prematura muerte de Charlie Parker en 1955, uno de los avances más sólidos del jazz en los años sesenta. Máximo exponente de lo que vino a llamarse free jazz, dio al género un giro de 90º con sus propuestas musicales, insólitas y extravagantes, muy alejadas incluso del jazz más avanzado de su tiempo. A pesar de no ser comprendido por sus contemporáneos, hoy día es ya admitido como una de las voces fundamentales de este estilo. Sin duda, Coleman es uno de los mejores artistas de jazz de todos los tiempos.
Ornette ya no era un extraño en el mundo musical y a él se unía toda una pléyade de músicos jóvenes que compartían la intención de revolucionar el jazz. Así, a finales de 1960 el saxofonista grabó Free Jazz, otro disco mítico, que además sirvió para crear la etiqueta de un estilo que permaneció vigente, al menos, durante una década. El álbum es uno de los más originales, influyentes y provocativos discos de todos los tiempos. Al cuarteto original se unió un batería más, Ed Blackwell, y un contrabajista excepcional, Scott LaFaro, para apoyar el trabajo de Billy Higgins y Charlie Haden (Coleman hacía sonar dos baterías y contrabajos a la vez; algo que, mucho tiempo después, repetiría Miles Davis); más una sección de vientos de vértigo: el gran Eric Dolphy y el jovencísimo ex Messenger Freddie Hubbard, trompetista muy dotado y extremadamente atento a la vanguardia del jazz, junto a Don Cherry, otro de los grandes de la vanguardia jazzista.
Ornette Coleman ha representado para el jazz la renovación absoluta después del fenómeno bebop. Esto es, tras Charlie Parker y todo el cambio que su música significó, fue Coleman quien impuso los cambios definitivos en un estilo musical que se ha desarrollado, fundamentalmente, durante todo el siglo XX. De hecho, después de Ornette no ha habido ninguna revolución notable en el jazz; sino más bien, todo lo contrario. Se ha avanzado apresuradamente hacia la retaguardia, bien a través del neo-bop, bien en el camino del neoclasicismo más ortodoxo.
Su contribución jazzística se produjo además desde varias perspectivas: armónica, melódica y rítmica. Su enorme descubrimiento fue el harmodium (sistema armolódico), un concepto en el que la melodía no giraba en torno a la armonía, sino que era la propia melodía la que generaba progresivamente las distintas armonías. Y esto fue extraordinariamente novedoso en una música tan compleja como el jazz, una música receptiva en exceso, ya que era el propio músico el que generaba el material armónico; esto es, él era su propio centro armónico, no una estructura musical ya determinada. El músico de jazz se conforma, en consecuencia, como epicentro de su propia música, principio y final de toda estructura armónica.

Ricardo Pérez Virtanen / mcnbiografias.com
Foto: Hans Speekenbrink