viernes, 1 de marzo de 2013

La Polillazzera: La Improvisación (3)


Con mucha frecuencia, en la bibliografía de distintas publicaciones se observan nombres y autores que, además de repetirse y reiterarse como fuente de información en innumerables ediciones, estas obras – debido a la época en que fueron escritas – están prácticamente “desaparecidas” en nuestros días. Cuando por azar o por una eventualidad se tropieza con uno de estos raros ejemplares, la Polilla Jazzera que uno lleva por dentro, sabe que el “alimento” en estos casos consiste en conservar ese material y, dado la importancia del tratamiento procurado al tema desde la perspectiva histórica, la conveniencia de revisitarlo y compartirlo. De eso se trata. Otra mirada, a partir de aquella mirada. (JR)

Continuación…(…) Ya en 1924, el celebrado compositor Darius Milhaud, miembro de los famosos "seis", había descubierto la belleza a que pueden llegar las improvisaciones de los músicos "hot". Al respecto escribió:"Entre los negros, existe mucho más la improvisación. Pero qué tremendas dotes musicales y qué poder de ejecución para llevar la improvisación a semejante grado de perfección. En su técnica, los hombres de color poseen gran libertad y facilidad. Cada instrumento sigue su línea melódica natural e improvisa, aun cuando respeta el esquema armónico que sustenta y apoya la obra en conjunto".
La actuación de conjuntos de instrumental numeroso y disciplinado, que trabajan sobre un terreno cuidadosamente abonado por arreglistas de incuestionable habilidad para combinar los diversos instrumentos, como los encabezados por Flechter Enderson, Count Basie, Jimmy Lunceford, Duke Ellington, Lionel Hampton y otros, ha sido ponderada sin reservas por no pocos críticos extranjeros dignos de respeto. Y hay motivos para ello.
Pues lógico resulta que el "jazz" trate de explorar sendas inéditas, en su búsqueda de nuevos horizontes sonoros.
Pero seguimos en nuestra creencia de que no es esa la esfera en que el género puede continuar moviéndose con la soltura y el esguince que siempre han sido sus características, sino la que señalan los pequeños grupos de media docena de improvisadores. Porque en ellos, el pulso de la improvisación, de la creación espontánea, late con toda fuerza. Y el "jazz" improvisado es su forma más trascendente, original y jugosa.
En organismos de esta naturaleza, los instrumentistas gozan de absoluta libertad. Pueden dar rienda suelta a su invención melódica, en contrapunto improvisado. Les es posible expresarse sin trabas. Sus cualidades de improvisador - indispensable en todo creador de "jazz" digno de tal nombre - no se hallan obstaculizadas por las rígidas normas que imponen los arreglistas. Sueltan sus ligaduras y entregase a la fantasía, que tanto ha llamado la atención del músico "culto", imprimiendo a sus creaciones un aliento y una profundidad expresiva que difícilmente logra el "jazz" escrito y ensayado. La inspiración se desplaza libre, fluida, radiante.
No olvidar que el "jazz" - al cual Frederick Dorián llama "a return to improvisation" - se ha manifestado una y otra vez - y con ello no se ha pisado el terreno de la arbitrariedad - que constituye la música del ejecutante.
Acerca de la improvisación y el factor de originalidad que ella introduce, el compositor Ernst Krének apunta:
"El "jazz", obligado a conservar las trabas de la relaciones tonales, ha revivido el arte de la improvisación hasta un grado desconocido por los músicos "cultos" desde los días del "súper librum cantare" , el contrapunto improvisado del siglo XV. Este factor indica también una diferencia esencial entre el "jazz" y los tipos anteriores de música de entretenimiento en los cuales la improvisación no tenía cabida". (Continúa)

Tomado de: “Estética del Jazz” de Néstor R. Ortiz Oderigo / Ricordi Americana, Buenos Aires, Argentina, 1951
Foto: Darius Milhaud